sábado, 11 de agosto de 2012

Bye Bye Londres

Ya en Ibiza, escribí esto:
Creo en todas las cocineras del mundo, y en los que labran la tierra hasta que se pone el sol sin descanso.
Creo en el llanto de un niño que nace y en la generosidad de una sonrisa.
Creo en las curvas. Creo en el sexo.
Creo en los que creen y en los que no.
Creo en mi madre.
Creo en lo imposible de la montaña y en la inmensidad del mar. Creo en el Aconcagua, en el agua dulce de las Cataratas del Iguazú y en el silencio del bosque. Creo en las higueras, en el aceite de oliva y en el vino. Creo en la masculinidad del árbol que me protege.
Creo en la otra cara de la luna.
Creo en los hombres y hermanos de mi vida. En mi padre.
Creo en la fuerza de mis piernas.
Creo en la geometría de una cancha de tenis.
Creo en los estudiantes de medicina, en sus noches en vela en una guardia de cualquier pasillo de hospital.
Creo en mis amigas, en la ingenuidad de Luciana Maccarini, en la sangre de Caterina La Mela, en el humor de Val Evdemon, en la claridad de Victoria Lluch, en la psicología de Sabrina Santoni, en la sensibilidad de Flor Manette y en los ojos de Milagros Hormazabal.
Creo en Dios y en la incoherencia de la realidad.
Creo en mis vísceras. En la palabra.
Creo en los senos que dan vida. Y placer.

Por María Hegouaburu.

miércoles, 20 de junio de 2012

Nalbandian como en su casa



David Nalbandian fue recibido con aplausos por el público de Stoke Park, un señorial club con impecables canchas de golf y de tenis ubicado en Slough, a pocos kilómetros de Windsor y de la reina, zona de opulencia y tradición. A sólo días del tan comentado incidente ocurrido en el ATP de Queen’s -también en las afueras de Londres- el argentino (hoy número 39 del mundo) le ganó al español Nicolás Almagro (11 del mundo)  3-6, 6-3 y 10-4 en el tie break final, en “The Boodles”, un torneo de exhibición y que este año lo tiene como invitado por décima vez consecutiva. Nada se dijo de la patada, ni de la denuncia del juez de línea ni de los puntos perdidos. Esta tarde David mostró su mejor tenis y su mejor cara, charla cordial con la guapa presentadora de canal 4, humoradas en el medio de cada punto con su colega y hasta incluso sonrisas con el juez de silla.

En la tribuna tomaba mate Adolfo Cambiasso -gran amigo del unquillense y su anfitrión aquí- al mismo tiempo que los ingleses descorchaban un champagne tras otro, y bebían el ya clásico Pimm’s de las tardes templadas londinenses, un licor basado en la ginebra de color cobrizo, mezclado con limonada y que se sirve en una jarra con rodajas de pepino, frutillas, naranjas y manzanas verdes.

Un momento de relax para olvidarse de la cifra récord que trepa al 12 % de desocupación, la economía basada en el 70 % de importaciones, los escándalos del gobierno local del conservador Boris Johnson enredado con Rupert Murdoch y la recargada crisis de la eurozona.

En Stoke Park, sólo pajaritos y verde.

Por María Hegouaburu.

lunes, 11 de junio de 2012

Argentina está de moda

Sabemos que Messi es nuestro máximo embajador en el mundo, que deslumbra con su magia dentro de la cancha y con una humildad poco común en cracks de esta magnitud. Pero también el polo es sinónimo de Argentina y de Buenos Aires para los amantes -y curiosos- de este deporte que el fin de semana disfrutaron del evento “Polo in the park”, en el club Hurlingham de Londres. 




Pude ver cómo se acercaban al stand de la Embajada Argentina cientos de ingleses y europeos en general a preguntar por nuestro país, qué atracciones visitar para su luna de miel, cómo llegar a la Patagonia, cuál era la mejor época del año para recorrer la ruta de vinos en la cordillera, y otros tantos londinenses con banderas argentinas -impecables- que ellos mismos se habían encargado de conseguir, para sacarse una foto con los argentinos que estábamos ahí, al ritmo de “¡¡¡viva Argentina, viva Buenos Aires!!!”. Adoradores de la temporada de verano en el hipódromo de Palermo, opinaban que la Argentina tendría que estar entre las sociedades más ricas del mundo, con el potencial enorme que tenemos. El empresario holandés Zeev Godik, dueño de la exitosa cadena de restaurantes Gaucho, La Martina, tienda de ropa de polo que pertenece a Adolfo Cambiasso, Kevingston y Estribos, entre otros, colaboraron con la promoción y visibilidad de nuestro país en un acontecimiento social y de negocios de primer nivel, y que se destaca dentro de la versátil e incansable agenda de la capital británica. 






Por supuesto, la máxima atracción no fueron los caballos sino el maratónico desfile de mujeres con uñas muy afiladas para cazar al príncipe millonario, a plena luz del día, y sin dejar nada en el armario, con todas las plumas y las armas que tuvieran al alcance de la mano, casi como una guerra a todo o nada. Los hombres tampoco se quedaron atrás y apostaron a la extravagancia nada sutil, corbatas, pañuelos y medias de colores fuscia o verde manzana, pantalones chupín, camisas y sacos de texturas insólitas, creo que hasta Salvador Dalí pasaría desapercibido en esta fauna. A las 6 de la tarde ya las mujeres se habían olvidado el motivo de la fiesta y con los zapatos de taco aguja en la mano, tambaleantes y desalineadas a simple vista, lo que aparentaba simular buena clase terminó en grotesco y carcajada. 


De todos modos, Argentina los recibirá con los brazos abiertos. 

Por María Hegouaburu.

sábado, 26 de mayo de 2012

Shakespeare argentino


Martes 22 de Mayo de 2012
El martes 15 y el miércoles 16 de mayo el teatro argentino se consagró en el mítico The Globe, sobre el río Támesis, de la mano del multi-premiado director Rubén Szuchmacher y enormes actores del espacio que él conduce en Buenos Aires, “Elkafka”. 

Como antesala a los Juegos Olímpicos 2012, el teatro Shakespeare’s Globe se dio el gusto de poner en marcha un programa sin precedentes de producciones multilingües, que recorren la carrera del autor inglés más importante de todos los tiempos. La idea de “Globe to Globe”, parte del World Shakespeare Festival, consistió en que compañías teatrales de todo el mundo pusieran en escena las 37 obras del poeta y dramaturgo nacido en Stratford Upon-Avon pero en idiomas diferentes, incluso en lenguaje de sordomudos. El evento comenzó el 21 de abril y se extiende por seis semanas, hasta el 9 de junio. 

De los 37 idiomas, entre los que se destacan el maorí, el Swahili de Kenia, el hip hop de Chicago y el árabe de Palestina, fue seleccionado el español versión argentina, a cargo de Szuchmacher, casi un especialista de Shakespeare en nuestro país, y acompañado por Horacio Acosta, Julián Vilar, Paul Mauch y Horacio Peña, entre otros. De la obra que le dieron para poner en escena, “Henry IV: parte II”, el director manifestó: “Es rara, porque en la primera parte se resuelve el problema. Parece una secuela que no era necesario hacer. Lo más desarrollado es el personaje de Falstaff”, una pieza bufonesca pero clave y de tradición en los obras del escritor isabelino.

“Además la trama no tiene centros, no es muy sólida, sino caótica; va y viene de lo lírico a lo cómico. Eso sí, tiene espacio para que los actores improvisen, resulta entretenida”, continuó el dramaturgo elegido por Londres, que también analizó el vínculo de Enrique IV con la Argentina. “Su relación con los argentinos tiene que ver con este personaje de Falstaff, paradigma del chanta simpático”, indicó.

Por María Hegouaburu.

Conversaciones con una activista


Lunes 14 de Mayo de 2012
Quiero hablar de Ann Wright, una mujer maravillosa que tuve la oportunidad de conocer gracias a amigos de amigos, aquí en Londres. Pasé la navidad del 2011 con ella y su familia en su casa de Highgate, sobre las colinas del norte de la ciudad. Me acogieron con calidez y sin medir demasiado las formas, de la misma manera que ya lo habían hecho con amigos argentinos exiliados, cuando corría el año 1976. (Ya les contaré más adelante). El caso es que esa casa me vería entrar y salir una y otra vez, fascinada con las historias de esta inglesa nacida en Manchester, ex azafata de la mítica Pan Am, y más tarde activista de la paz en América Latina y Palestina. Amante del Che, fotos del comandante con su seductora sonrisa inundan las paredes de su cuarto, del living y de la cocina. El 25 de diciembre al mediodía encendimos el fuego del hogar, comimos salmón rosado y brindamos con champagne. Eso sí, esta vez su hija Amaranta recibió un regalo para ella, no como en su niñez y adolescencia en las que Papá Noel llegaba con un sobre bajo el brazo, y que en su interior indicaba que el presente de ese año equivalía a un cheque por -pongamos- 100 pounds para donar a la institución benéfica del barrio. 

Ann me contó que en los años sesenta, cuando era azafata de la Pan American Airways, sufría mucho el uniforme, sobretodo el cinturón tipo corset en el que debía sumergirse cuando estaba quemada por el sol (lo cual era bastante usual, dado que volaba una vez por semana al Extremo Oriente). No podía rehusarse a usarlo y menos aún desestimar las normas de aseo personal draconianas, a tal punto que tuvo que pasar la humillación de ser reprendida por su jefe en varias ocasiones por estar excedida de peso, sin suficiente maquillaje o con el pelo demasiado largo. Sin embargo, cuando piensa en ello, afirma convencida que el precio a pagar fue mínimo por las enormes oportunidades que le daría ese trabajo. “Para una muchacha provinciana de un suburbio al sur de Manchester, mis tres años como azafata de vuelo fueron mi educación superior. Desarrollé una conciencia global que nunca podría haber adquirido en la escuela o la universidad, me di cuenta que podía ir muy lejos en la vida, siempre y cuando colocara mi mente en ello y me comportara con sensatez. Si no hubiera sido por Pan Am, estoy bastante segura de que hoy no sería una activista de derechos humanos, integrante de las brigadas de paz”. 

Sus padres, como muchos de su generación, decidieron que sólo podían darse el lujo de la universidad para uno de sus hijos, el varón. A pesar de tener una beca para la Escuela Withington Girls (en ese momento uno de los mejores colegios públicos del país), y siendo una de las chicas más inteligentes de su clase, a los 16 años decidió trabajar de secretaria. Sus profesoras nunca se lo perdonaron. Pero Ann se las arregló para irse a Ginebra. Un año más tarde viajó a Munich, donde vivió con una chica brasileña. Las exóticas historias de su pueblo comenzaron a despertar su curiosidad y deseó poder ver con sus propios ojos lo que sucedía en el otro lado del océano. 

Poco tiempo después Ann tuvo la chance de su vida: Pan Am estaba contratando tripulantes de cabina en Berlín para el servicio entre las ciudades de Alemania Occidental y Berlín Occidental. El anuncio decía “Sólo alemanas”, pero igual se animó a presentarse, con un buen manejo de francés y alemán. Fue aceptada para vuelos internacionales y a los 21 años en el año 1964 viajó a Nueva York para ser entrenada, y luego volar desde San Francisco hacia el continente asiático. 

“Una de las anécdotas más divertidas que viví sucedió en Hawaii, cuando ayudé a un hombre francés con su inglés en la aduana, y resultó ser el actor francés Alain Delon. Por la tarde, me encontré con él en el Hotel Royal Hawaiian, donde los dos estábamos quedando, y él me invitó a cenar.”, recuerda Ann y sin dejar lugar al silencio, continúa: “En San Francisco era difícil no ser influenciada por la fuerte campaña contra la guerra de Vietnam. El Flower power hacía furor entre los jóvenes mientras que tripulaciones y aviones de Pan Am estaban siendo utilizados por militares de EE.UU. Me desconcertó hablar con los soldados, de mi misma edad, y que por debajo de su fanfarronería y jactancia apenas entendían porqué estaban luchando.” 

Un año después Ann conocería a su futuro esposo, un corresponsal de Reuters que sería trasladado a Buenos Aires. El fervor revolucionario se hizo cargo de América del Sur, y cuando luego de 6 años se vieron obligados a abandonar el país tras el golpe militar del 76, Ann se lanzó a las campañas de solidaridad para apoyar a aquellos que sufrían la represión de las dictaduras latinoamericanas.

A los 34 años, finalmente obtuvo el título de Estudios Latinoamericanos de la Universidad College de Londres y, posteriormente, fundó una empresa de traducción y subtitulado, que le permitió ganarse la vida desde entonces. (Vale destacar que tradujo al inglés el libro “El Che quiere verte”, de su amigo Ciro Bustos). Pero son sus años como azafata de vuelo los que la prepararon para lo que todavía hoy hace, a los 68 años, como activista de derechos humanos. Con Brigadas Internacionales de Paz, trabajó en Colombia -allí 140.000 personas fueron asesinadas en los últimos 10 años y otras 15.000 han “desaparecido”, y también pasó períodos en la Ribera Occidental como voluntaria para el Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel (EAPPI, siglas en inglés), en los puestos de control, atendiendo en las demoliciones de viviendas y protegiendo a las comunidades vulnerables de ataques de los colonos.”

Me alegro mucho de haberme cruzado con esta inmensa mujer.


Por María Hegouaburu.

Imágenes de Londres


Lunes 30 de Abril de 2012
Hace 21 días que llueve sin parar en Londres: es ciencia ficción. Las gotas finas arrecian y atacan en varias direcciones, me protejo como puedo con la capucha del montgomery, el paraguas ya no puede dar batalla cuando el viento indeciso se arremolina sobre mi cabeza. Mientras apuro el paso y froto mis manos congeladas para darles ánimo, veo a 5 policías conversando con una señora de mediana edad en la puerta de su casa, ellos con caras de cierta preocupación y ella consternada, fuera de sí, algo andrajosa. A sus pies y recostado sobre la vereda, un bulto grande, del tamaño de una persona mayor, cubierto con una bolsa negra. Me acerco y les pregunto si es lo que me imagino que es, y me responden que es una carpa. (?)

Es de noche, cerca de Marble Arch, hora suficiente para que los oficinistas trajeados y bien perfumados le pasen la posta a los desgraciados sin techo. Subo al colectivo rojo y me acomodo en un asiento del primer piso, para distraerme con las postales de una ciudad que a esta hora se refugia en la tranquilidad de los barrios. Las cámaras graban a los pocos que estamos y a dos chicos de unos 30 años que se acomodan delante mío, algo exaltados. Uno lleva una botella de cerveza en la mano, huelen a alcohol, como si hubieran estado toda la tarde bebiendo y esa fuera quizás la décima. Parecen amigos, hablan fuerte, con un acento muy marcado y rústico, como ahorrando vocales, y se van cebando mutuamente, levantando el tono de voz más y más. Uno lo provoca con un chiste y el otro reacciona con un puñetazo en la nariz. Sangre. 

(Pensarán que peco de simplista al inducir que la falta de sol es un perfecto caldo de cultivo para el buen metabolismo de las enfermedades mentales pero no por eso deja de ser menos cierto: investigaciones realizadas demuestran que 1 de cada 4 personas en el Reino Unido experimentan algún tipo de problema de salud mental; una mezcla de ansiedad y depresión es el desorden más común; el 10% de los niños sufre de alguna enfermedad mental en algún momento; estadísticas acerca de conductas auto-destructivas posicionan a los británicos entre los más altos porcentajes de toda Europa: 400 cada 100 mil). 

“Here comes the sun”. Finalmente sale el sol en Londres. Todos corremos desesperados a hacer un poco de fotosíntesis. Regent’s o Finsbury park, para el caso da igual, con frisbees, raquetas, pelotas, bicicletas, perros, hijos, amigos, novios o solos, las colinas y las llanuras, aún húmedas, se pueblan inmediatamente. 

Y también llega Richmond. Al sur oeste de la ciudad se encuentra una de las zonas residenciales más ricas del Reino Unido, y quizás por ello fue evaluada como uno de los sitios más felices para vivir. Ubicada sobre un meandro del río Támesis, sólo hace falta dejarse llevar por la calle principal con sus hoteles, boutiques y restaurantes, para desembocar en Richmond Park y caer rendidos de amor frente a tanta exuberancia vegetal, pájaros de todos los colores, árboles eternos, manadas de ciervos y caballos, lagos y paz. 

Las fallas de Valencia


Martes 03 de Abril de 2012
“Estas fiestas no tienen sentido, ¿cómo pueden gastar millones de euros en petardos y fuegos artificiales durante dos semanas sin descanso, en medio de una crisis financiera y económico-social considerable?” comenta mi hermano a su mujer valenciana, que pasó su infancia correteando entre los frondosos eucaliptos y gozando de las naranjas más deliciosas de toda España. “¿Es que tú no estás disfrutando de esta celebración? ¿Acaso ustedes no tienen tradiciones en Argentina?” 

Recién habíamos salido de la estación de trenes, luego de viajar 10 minutos desde Benetusser como sardinas, más comprimidos que en los vagones de Buenos Aires, para encontrarnos con una multitud de españoles y turistas de toda Europa, bajo un sol radiante de mediodía, ansiosos por ver -aunque en verdad sólo se podía oír- una atronadora explosión tras otra durante 15 minutos, conocida como la “mascleta”. El público eufórico acompañó el final del show a los gritos, silbidos y aplausos, y con los estómagos a reventar de cervezas tibias, compradas por un euro a unas niñas chinas que no tendrían más de 10 años. Luego de eso, nos volvimos a almorzar paella a casa de sus padres. Otra vez, cuerpos apretujados. El intercambio de opiniones continuó, más encendido aún: “es que sigo sin entender, esto es increíble”. “¿Pero no ves que aquí están todos riéndose y felices con amigos y familiares? En el metro de Barcelona ya puedes ver las caras largas y avinagradas de camino a sus trabajos”. “Bueno -agrego yo-, ustedes porque no vieron las expresiones anales de los ingleses un lunes a las 9 de la mañana … además, ¿qué es lo que tiene sentido? ¿Una sociedad productiva, eficiente, individualista y competitiva pero que se olvida de brindar tiempo a la crianza de sus propios hijos y a la participación de rituales sociales? 

Cuando me convencieron para venir a estas fiestas me explicaron que se arman muñecos gigantes con un alto grado de ironía y crítica hacia políticos y farándula, construidos con devoción a lo largo del año por artistas falleros, con el fin de verlos el último día agonizar bajo las llamas del fuego. Pensé esto es una locura. Pero ahora puedo decir que no hay nada más auténtico y atrapante que contemplar la autodestrucción de una obra de arte. Y que es una forma de renovación y olvido de los sinsabores y odios, para reencontrarse con la primavera y el renacimiento de una vida nueva y mejor. 

Aquí les dejo una foto de la Mare de Dèu dels Desamparats y su maravilloso manto confeccionado con más de 70 mil ramos de flores, ofrendados por falleras de todos los rincones de Valencia. 

Por María Hegouaburu

Una noche caliente en Londres


Domingo 04 de Marzo de 2012
El sur de Londres en Brixton, del otro lado del Támesis, es otra de las zonas de la ciudad marcada fuertemente por la multiculturalidad, con más del 24 % de su población con raíces afro-caribeñas. Gran parte de los 200 mil colombianos radicados en la ciudad conviven allí con cubanos, venezolanos, peruanos y londinenses, entre otras nacionalidades. Es el barrio de las arepas, los pimientos, la carne de cerdo asada y frita y los frijoles negros con arroz. Y es la noche de la salsa y el regetton. 

Por eso el jueves pasado fui a ver a Los Van Van, la clásica orquesta Cubana formada en 1969 en la Habana, con más de 20 músicos en el escenario, tocando con tal maestría que parecía estar escuchando a un sólo ser, complejo y armónico. Después de pasar 5 meses con frío y nieve, la noche del recital recordé que era algo más que una mente productiva y útil. Desde el minuto uno, mis pies y mis caderas no podían parar de moverse, atraída por la energía intensa proveniente de los tambores y violines. Risas y baile sin pensamientos, sólo cuerpos celebrando el ritual del momento. Mujeres europeas buscando lo diferente, encarando ellas a los latinos para sentir sus piernas entre las suyas y sus manos en las cinturas, marcando el ritmo de los pasos y de los latidos de la pista. Me di cuenta que para mí, una chica argentina de América del Sur, lo que estaba viendo no me era ajeno ni exótico del todo, porque el tango y la cumbia también necesitan de la pasión y la sensualidad del hombre y la mujer para el juego de la conquista. Y eso es lo que los ingleses no tienen, y persiguen y encuentran en las fiestas de los caribeños y sudamericanos. 


Por María Hegouaburu

Londres, la punta del iceberg


Sábado 28 de Enero de 2012
Hackney es uno de los barrios más pequeños y al mismo tiempo que mejor representa la identidad londinense. Cuenta con 220 mil residentes y allí se hablan más de 100 idiomas. Mezcla de judíos ortodoxos, turcos, africanos, chinos, bengalíes, caribeños e ingleses esta zona del centro -que sube desde Shoreditch hasta Stamford Hill- resulta irresistible. Además de batir records de multiculturalidad, espacios verdes y casas estatales (council houses) es una de las áreas más peligrosas, con calles que merecieron el nombre de “Murder Mile“, aunque en los últimos años el crimen bajó un 28%.

Para experimentar la explosiva interacción de colores y dialectos hay que caminar los puestitos del mercado de Broadway un sábado al mediodía, al final del parque “London fields”. Allí uno puede cruzarse con una bella mujer, de rasgos exóticos, aparentemente de algún rincón de la India, pero finalmente de la Isla Mauricio, que hable inglés con acento francés y se llame Sapna. Quizás haya una banda irlandesa tocando alguna fusión de folk con rock progresivo, y más adelante un chef suizo de madre hongkonesa y padre iraquí preparando el clásico y refrescante trago de la clase media inglesa, el “Pimm’s” con pepinos, manzanas y frutillas. Un ciudadano nacido en Londres es la excepción. El mercado huele a curry, a costillas de cordero asadas con picante, a salchichas y a cebollas. Tiendas de ropa vintage se camuflan con las cientos de personas que compran pan fresco, jamones ibéricos, quesos griegos, jugos de jengibre y zanahoria, carne argentina, yerba paraguaya y vinilos del emblemático sello “Ministry of sound”.

La ciudad se reinventa cada día y para los Juegos Olímpicos los departamentos de la zona se cotizan a 400 libras la noche. Tentadora oferta para los propietarios que aceptarán ver el show deportivo por televisión en cualquier otro lugar del planeta, quizás en una playa, tomando sol. Es que de todos modos, gran parte de las entradas para el espectáculo tan esperado están en manos de las grandes marcas como Nike, Visa y Coca-Cola, y las demás ya fueron asignadas por sorteo.

Mientras tanto, y luego de que el cielo y el río Támesis fueran testigos de millones de libras disparadas en fuegos artificiales por el año nuevo, las puertas de la Catedral de Saint Pauls continúan cerradas, con los manifestantes que acampan alrededor de ella, como abrazándola. No moverán sus carpas, ni la Universidad que montaron para que activistas de todo el mundo den sus discursos y dejen asentadas sus ideas en libros y pancartas, a menos que su deseo mayor se cumpla. Que es nada más y nada menos que el actual sistema capitalista deje de beneficiar, según su perspectiva, al 1 % más rico del planeta y perjudicar al 99 % restante con sus desiguales políticas de distribución de la riqueza. Cuesta creer que puedan acomodar la balanza en el corto plazo, o en el mediano, cuando el London Eye sigue girando y los shoppings frente a la Iglesia atraen sin descanso a sus clientes con carteles gigantes que rezan la palabra “SALE”, y las casas de remates y las apostadoras de carreras de caballo rebasan de jugadores desesperados por comprar y especular. Los pecados capitales laten intensamente en el centro del imperio.


Por María Hegouaburu

Multitasking


Viernes 13 de Enero de 2012
Amparada en la filosofía del momentismo absoluto quiero decirles que nunca en mi vida viví tan intensamente el día a día como acá en Londres. Qué hice en los últimos 3 meses en la ciudad más cara, cosmopolita y cambiante del mundo:

. Pasante en editorial Kyle books, como asistente del departamento editorial.

. Asistente de stock en Kew, tienda de ropa inglesa.

. Vendedora de empanadas de La Porteña en Borough market, y también de su competencia Chango en Brick Lane.

. Recepcionista en el Gaucho de Tower Bridge.

. Niñera

. Redactora de contenidos para diferentes blogs.

. Y en la etapa de desarrollo de un proyecto empresarial propio. (Los mantendré al tanto de su evolución).

Lo cual me convierte en una profesional del “job hunting” (caza de trabajos), seductora natural y conocedora superficial de más de un mercado. La competencia es feroz, aún con ciudadanía europea, diplomas convalidados, inglés fluido y las mejores intenciones. Pero también tengo la certeza de haberme cruzado con personas inmensas, que no dudaron un segundo en ayudarme, ofrecerme sus contactos, tiempo y experiencia.

A ellos, gracias.


Por María Hegouaburu